Koyasan: templos, naturaleza y leyendas en el monte sagrado japonés

Japón | Koyasan, octubre 2015

Otoño. Un pequeño funicular nos deja en la estación destino de nuestra ruta. Venimos de Osaka y, después de tres de horas de viaje en tren con algún que otro transbordo, pisamos por fin la tierra sagrada de Koyasan. La estación está a poca distancia del centro de la pequeña ciudad de Koya, pero no está permitido caminar por el tramo de carretera que les une. Tomamos por tanto un autobús (300 yenes/persona) que en apenas diez minutos nos deja en la puerta del lugar donde pasaremos la noche, el templo budista Eko-in. Pero antes de nada, ¿qué es Koyasan y por qué estamos aquí?

Koyasan

Koyasan, que en japonés significa Monte Koya, es un lugar de fuerte carga espiritual en Japón, de hecho, es una de las regiones sagradas más importantes de todo el país. Se ubica en la parte central de la montañosa península de Kii, en la zona sur de la isla de Honshu. Geográficamente se trata de una meseta (800 m.s.n.m.) rodeada por un conjunto de montañas que le confieren, según dicen, una forma similar a la flor de loto, tan simbólica para la tradición budista. La orografía y el entorno natural de esta región contribuyen sin duda a su asociación con lo sagrado. En la ruta de aproximación en tren a la estación de Koya, en especial el último tramo que conduce a la estación de Gokurakubashi y la subida final en funicular, entiendes perfectamente por qué el gran maestro japonés Kobo Daishi eligió este lugar cuando llegó de China, en el IX d.C., para crear su complejo monástico (con el patrocinio del emperador Saga) y fundar la secta budista shingon. La espesa vegetación, de bosques profundos y árboles centenarios, junto con la frecuente niebla y el difícil acceso a través de las montañas que rodean al valle, convierten a Koyasan en el lugar perfecto, en plena comunión con la naturaleza, para esconder una escuela secreta dedicada al budismo esotérico. Con el paso del tiempo, Koyasan se convirtió en tierra sagrada, la denominada “Tierra Pura”, lugar de culto y destino de peregrinación incluso para la alta aristocracia que llegaba a la montaña desde Nara y Kyoto.

A nosotros nos pareció sin duda un buen lugar para seguir profundizando en la inagotable cultura japonesa. Un rincón para disfrutar con calma, lejos del ritmo frenético de las grandes ciudades, repleto de leyendas y tradiciones ancestrales, donde el sintoísmo y el budismo conviven y se complementan en un entorno natural fantástico. Una buena mezcla, por tanto, de cultura y naturaleza. Junto con Yoshino-Omine, Kumano Sanzan y la red de rutas de peregrinación Kumano Kodo, Koyasan fue declarado en 2004 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, bajo la denominación Sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii.

Koyasan

Koya y Shukubos

Para intentar vivir una experiencia lo más completa posible decidimos pasar una noche en uno de los templos budistas de la población de Koya. Koya es un pequeño núcleo urbano que se ha ido desarrollando alrededor del conjunto de templos y edificios sagrados. Actualmente, de los 117 templos que existen, 52 de ellos ofrecen alojamiento y distintos servicios. A estos templos se les denomina Shukubo y, la verdad, son bastante caros. No obstante, si el presupuesto lo permite, alojarse en ellos es una experiencia muy recomendable. Típicamente el alojamiento incluye habitación tradicional japonesa, cena y desayuno Shojin Ryori (cocina tradicional budista japonesa, vegana y con alguna otra restricción, como el ajo o la cebolla), posibilidad de asistir a las ceremonias religiosas, practicar Shakyo (copiar a mano sutras budistas) y otras actividades. En Koya, que en la actualidad sirve de morada a unos 3000 habitantes, puedes encontrar también restaurantes, tiendas, escuelas, un hospital, un centro de información turística, la universidad para el estudio del budismo shingon…, se trata, en definitiva, de una ciudad pequeña pero con todos los servicios necesarios.

Koyasan

El autobús nos deja a pocos pasos de la puerta principal del templo Eko-in (Shukubo Koya-san Eko-in). Los orígenes de este templo se remontan al siglo IX d.C. y se atribuye su construcción a Dosho, discípulo de Kobo Daishi. Nos recibe un monje joven y, en un inglés eficiente, nos da la bienvenida y nos lleva a nuestra habitación. El templo es sencillo pero espectacular, rodeado de naturaleza. Está organizado en dos plantas, con aseos comunes, habitaciones tradicionales japonesas y diversas estancias. En el aire flota una mezcla natural y sutil de aromas de madera, tierra mojada, paja de los tatamis y quizá incienso. Caminamos siguiendo a nuestro anfitrión y vamos descubriendo alguna de las salas del templo. Todo está limpio, ordenado y se respira tranquilidad. Bordeamos el espectacular jardín interior y, ya en la habitación, nos explica las normas y el funcionamiento del templo, los horarios de las ceremonias, de la cena y el desayuno.

Televisión y WiFi gratuita, no faltan comodidades. La habitación es perfecta, grande, tranquila y con una puerta de acceso al jardín que permite escuchar el susurro del viento entre los árboles y la suave lluvia que ha comenzado a caer. Buen momento para descansar, tomar un té, y repasar cuales son los lugares más interesantes de Koyasan y que ocuparán nuestros próximos dos días:

  • Daimon, la gran puerta.
  • El área de Danjo Garan.
  • El templo de Kongobu-ji.
  • El cementerio Okuno-in.

Daimon, la gran puerta

Comenzamos nuestra ruta de oeste a este, en la gran puerta Daimon que marca la entrada a Koyasan. La puerta original, del siglo XII d.C., se destruyó en un incendio, y lo que vemos es una reconstrucción realizada en el año 1705. La puerta tiene una altura de 25,1 metros y 1,4 metros de ancho. Es un buen punto, simbólicamente, para comenzar la visita a Koyasan. Cruzamos la puerta bajo las intimidantes miradas de las dos enormes figuras del dios guardián Kongo-rikishi (de las más grandes de Japón) y seguimos nuestra ruta hacia el este para llegar a Danjo Garan, el núcleo principal de Koyasan.

Danjo Garan

Danjo Garan es un un conjunto de templos y edificios, en medio de un bosque de pinos, que alberga las primeras construcciones levantadas por Kobo Daishi y sus sucesores. En este lugar se rinde culto también a deidades protectoras locales, como por ejemplo Nyutsu-hime (dios de la montaña) o Kariba-myojin, haciendo evidente la estrecha relación y la natural convivencia que se establece desde hace cientos de años entre las creencias sintoístas y el budismo shingon. La mayor parte de los edificios han sido reconstruidos en varias ocasiones y las versiones que vemos ahora datan de mediados del siglo XIX y principios del siglo XX. Sus colores y materiales se integran perfectamente en la naturaleza que les rodea, generando en su conjunto una espectacular paleta cromática de verdes, amarillos y ocres. El sol se filtra entre los árboles resaltando los primeros colores del otoño. Es un placer caminar sin prisa, disfrutando y deteniéndonos en cada rincón, inscripción, estatua o árbol.

Koyasan

Koyasan

Los edificios principales de Danjo Garan:

  • Chumon, la puerta central de Danjo Garan. La construcción original se destruyó en un incendio en 1843. La reconstrucción actual es de 2015, así como, las imágenes de Virudhaka y Virupaksa que se añadieron también en dicho año (originalmente la puerta sólo incluía las imágenes de  Dritharastra y Vaisravan).
  • Kondo, el “El Salón dorado”. Fue construido por Kobo Daishi en el año 819 como centro de estudios, y se le denominaba entonces “El Salón de Lectura”. Ha sido reconstruido en siete ocasiones, la actual data de 1932. Actualmente, este edificio se utiliza como salón principal de las celebraciones religiosas más importantes de Koyasan, como, por ejemplo, la ceremonia Kechien Kanjo (Taizokai), que tiene lugar en Mayo. Horario general de visita: 8.30 – 17.00. Precio: 200 yenes/persona.
  • Miedo, es uno de los lugares más sagrados de Koyasan, el acceso está normalmente restringido (se abre sólo una vez al año). La tradición dice que este edificio fue la residencia de Kobo Daishi. La edificación que podemos ver data de 1848 y actualmente está dedicada a la veneración de un conjunto de retratos, que se guardan en su interior, de Kobo Daishi y algunos de sus discípulos, de ahí que se le denomine el “Gran Salón del Retrato”.
  • Konpon Daito o “Gran Estupa Fundamental”, la gran estupa (monumento sagrado budista) que levantó Kobo Daishi para representar la esencia del budismo shingon. Konpon Daito está considerado como el punto central de un mandala, o espacio sagrado, que se extiende incluso más allá del Monte Koya. La construcción original se realizó entre los años 816 y 887. Lo que vemos actualmente es una reconstrucción del año 1937, con una restauración exterior del año 1984. El edificio tiene dos pisos (fue la primera estupa de este tipo que se construyó en Japón), 48,5 metros de altura y 23,5 metros de lado. En su interior, un conjunto de distintas representaciones de buda constituye un excepcional y poco común mandala tridimensional. Horario: 8.30 – 17.00. Precio: 200 yenes/persona.
  • Miyashiro, el santuario sintoísta principal dedicado a las deidades locales protectoras Nyutsu-hime y Kariba-myojin. La reconstrucción actual es de 1522.

Cerca del edificio Miedo, observarás personas escrutando el suelo bajo unos pinos rodeados por una valla roja. Uno de estos pinos, el más pequeño, es descendiente del legendario Sanko No Matsu o Pino del Sanko. La leyenda dice que en este pino Kobo Daishi encontró clavado el sanko tridente (o sankosho, herramienta ceremonial budista) que lanzó en una playa de China mientras meditaba para encontrar el lugar ideal en el que levantar un templo en Japón. En la actualidad, la gente busca en el suelo hojas de tres agujas caídas del pino, pues se consideran auténticos talismanes.

En Danjo Garan hay muchos otros edificios, leyendas y detalles interesantes para descubrir sin prisa, como el pino Toten no Matsu, el depósito hexagonal de escrituras Rokkaku Kyuzo, la torre Saito, la campana Daito, los edificios Daiedo y Sanmaido, etc. Merece la pena dedicar tiempo a pasear por los jardines y el área que rodea al estanque de lotos Hasu-ike, con su pequeño santuario Zennyo Ryuo, en la isla central, dedicado a una reina de los Naga (dioses con forma de dragón/serpiente). Nuestra recomendación es dedicar un mínimo de tres horas para descubrir todos los rincones y la interesante historia de Danjo Garan.

Kongobu-ji

Después de conocer Danjo Garan, seguimos nuestra ruta hacia el este para llegar al templo Kongobu-ji. Nos encontramos ante la sede principal de la secta budista shingon en Japón. La ubicación del templo tiene una historia dilatada. Inicialmente, en el siglo IX d.C., alojó la residencia de Dento-Kokushi o Bishop Shinzen, sobrino y sucesor de Kobo Daishi. Con el paso del tiempo, se fueron sucediendo distintos templos con distintos propósitos. En el año 1131 el monje Kakuban (1095-1143) construyó el templo Daidenbo-in. Posteriormente, el monje Mokujiki Ogo (1536-1608) construyó por encargo un memorial para los restos mortales de la madre de Toyotomi Hideyosi (1537-1598). El templo pasó a llamarse Seigan-ji, se convirtió en residencia de Ogo y, después, en residencia oficial del Hoin de Koyasan (el puesto más alto dentro de la secta shingon).

El templo Kongobu-ji está actualmente constituido por los siguientes elementos:

  • la puerta de entrada el templo, que data del año 1593 y es, actualmente, la construcción más antigua del complejo.
  • el edificio principal, reconstrucción de 1868 del templo Seigan-ji (que pasó finalmente a llamarse Kongobu-ji). En su interior, destacan las espectaculares pinturas de los fusuma (paneles verticales deslizantes que delimitan las estancias), algunas del siglo XVII d.C. En la sala principal se celebran importantes ceremonias, como Jyoraku-e y Busho-e.
  • el templo Kozan-ji, edificio anexo para funciones administrativas.
  • el jardín Banryutei, que fue construido en 1984 y está considerado el jardín de rocas más grande de Japón. El jardín es como un gran lienzo en el que se utilizan rocas traídas de Shikoku (región de origen de Kobo Daishi) y arena blanca de Kyoto para representar una escena en la que dos dragones emergen de un fondo de nubes como dos grandes guardianes.

Shojin Ryori, cena tradicional budista

Está atardeciendo, momento perfecto para cenar y prepararnos después para conocer el lugar más especial de Koyasan: el cementerio Okuno-in. Volvemos al templo Eko-in donde nos espera la cena vegana budista tradicional, Shojin Ryori, preparada por los monjes. Nos ponemos las yukatas (vestimentas tradicionales japonesas de algodón), por aquello de crear ambiente y, casi inmediatamente, nos traen la cena a la habitación. Son las cinco y media de la tarde, aquí se cena muy pronto. En apenas cinco minutos, tres monjes jóvenes preparan nuestra habitación y nos traen los múltiples platos que componen el menú. Pequeñas raciones, productos de temporada, múltiples sabores, estética, armonía entre platos… No falta la sopa, el arroz, fideos soba, tempura, té y las distintas preparaciones de los productos vegetales, algunos de los cuales no sabemos identificar. Es una gozada descubrir algunos sabores y texturas que nunca antes habíamos probado. Destacamos una de las especialidades locales de tofu, Goma Dofu, con una textura muy suave y cremosa, elaborado a base de una mezcla de semillas de sésamo blanco y almidón kuduzu que le aporta elasticidad. Otra especialidad de tofu local es el denominado Koya Dofu, tofu liofilizado, una elaboración tradicional de los monjes que se ha ganado cierta fama en la región.

Okuno-in

Ya es de noche. La temperatura ha bajado bastante, así que toca abrigarse y coger una linterna, pues nos dirigimos al cementerio de Okuno-in. Un monje del templo nos acompañará hasta el mausoleo de Kobo Daishi o Kobo Daishi Gobyo. Por el camino, el monje nos irá contando la historia del cementerio, los principios fundamentales de la secta shingon y otros aspectos generales del budismo y de Japón, algo que nos ayudará a entender y valorar el lugar donde nos encontramos.

Koyasan

El templo Eko-in está muy cerca del cementerio. Caminamos siguiendo al monje hasta el primero de los tres puentes que cruzaremos para llegar al mausoleo. Este puente, Ichinohasi (“Primer Puente”), nos da la entrada a Sando, un camino de unos 2 kilómetros de longitud que se introduce en la montaña entre cedros centenarios, miles de tumbas, stupas, santuarios y estatuas Jizo. Aquí empezamos con una de las muchas leyendas o tradiciones que nos iremos encontrando a lo largo del camino, pues dicen que Kobo Daishi viene a recibirte a este puente y camina contigo hasta su mausoleo. Comenzamos a caminar y, a los pocos pasos, nos damos cuenta de que nos encontramos en uno de los lugares más especiales de Japón. La atmósfera es simplemente mágica. La oscuridad de la noche, los sonidos indeterminados de la naturaleza que nos envuelve, la piedra húmeda, el musgo, los miles de ojos de las estatuas que nos observan al pasar, las ardillas voladoras que saltan de vez en cuando sobre nuestras cabezas entre los árboles viejos, centenarios… Un ambiente único que hace volar la imaginación y sirve de escenario perfecto para leyendas, cuentos y viejas historias.

En Okuno-in, como en otros lugares de Koyasan, se puede observar la perfecta integración y convivencia entre la religión autóctona de Japón, el sintoísmo, y la religión extranjera, el budismo. El cementerio está abierto a cualquier clase social, incluso a cualquier religión. Aquí, en teoría, puede ser enterrado cualquiera. Puedes encontrar tumbas de directivos de grandes empresas multinacionales o militares de alto rango junto a otras de ciudadanos corrientes.

Cruzamos el segundo puente, Nakano Hashi (“Puente Medio” o, también, Chozu-bashi), sobre el río Kin-no-kawa (“Río Dorado”), antiguo lugar de purificación que implica el paso a otro mundo.

A propósito de los cientos de estatuas Jizo que nos vamos encontrando por el camino (pequeñas figuras de piedra que representan a una deidad budista, protectora de niños, viajeros, etc.), el monje nos indica que muchas de ellas se utilizan para marcar el lugar donde se ha producido una muerte repentina (accidente, ataque al corazón, etc.). Este tipo de muerte hace que el espíritu se quede entre dos mundos, y el Jizo se ocupa de llevar al muerto al mundo de los muertos, ayudándole en esa transición. Estas figuras pueden encontrarse en Japón en cualquier ciudad, pueblo o camino. Cuando son muy antiguos y nadie responde por ellos, se recolectan y se llevan a algún lugar sagrado, como por ejemplo, Okuno-in.

Pasamos por la estatua Asekaki Jizo (aquella que se encarga de sufrir voluntariamente por los males y enfermedades de las personas, liberándoles de sus cargas) y, cerca de ella, llegamos al espejo Sugatami no Ido, en el que, según cuenta la leyenda, si no encuentras tu reflejo en el agua, morirás en un plazo de tres años. Que alegría, mejor no miramos.

Llegamos al último puente, Gobyo-no-hashi, que da acceso al mausoleo de Kobo Daishi. Después de cruzar el puente no está permitido realizar fotos, fumar, comer o beber, se trata de la zona más sagrada de Koyasan. Antes de cruzar, realizamos una pequeña ceremonia de purificación, vertiendo agua sobre las estatuas Mizumeke Jizo que hay junto al puente. Como manda la tradición, juntamos las manos y bajamos la cabeza en señal de respeto hacia Kobo Daishi y cruzamos finalmente el puente.

Koyasan

El mausoleo está ubicado junto al río Tama y rodeado por los montes Yoryu, Mani y Tenjiku. Fue construido por los discípulos de Kobo Daishi tras su muerte. Actualmente, los seguidores de Kobo Daishi afirman que sigue vivo en este lugar, en una especie de estado de suspensión vital o eterna meditación, con su cuerpo incorrupto.

Kobo Daishi es el nombre póstumo que le asignó el emperador Daigo, en el año 921, al sacerdote Kukai (774-835).  En la actualidad, Kobo Daishi es una figura muy respetada en Japón no sólo por los budistas, ya que fue un gran erudito, ingeniero, artista y probablemente el calígrafo más importante en la historia de Japón (introdujo en Japón la escritura Siddham y se le considera inventor del Kana). Nació en la isla de Shikoku y, como ya hemos comentado, encontró en Koyasan el lugar idóneo para impartir las enseñanzas que aprendió (budismo esotérico, Vajrayana) durante su estancia de dos años en China (804-806, dinastía Tang) con el maestro Hui Kuo, fundando finalmente en el año 816 (periodo Heian) la secta budista shingon.

Para la escuela shingon, todos los elementos del universo tienen consciencia: animales, plantas, piedras, etc., y las verdaderas enseñanzas están ocultas en el universo (por ello se consideran esotéricos), siendo la labor de los monjes descubrirlas. Por ejemplo, la enseñanza de la flor de loto, que nace del fango pero crece fuerte y bella. Para descubrir estas enseñanzas utilizan la meditación, a través de la cual, consiguen que su universo interior y exterior se unan. Promueven la unión de pensamientos y opiniones diferentes, incluso opuestas, sin competir, para llegar juntos a un fin mejor.

Junto al mausoleo, realizamos una oración conjunta que se convierte en otro de los momentos más especiales de la noche. Cerramos los ojos, en silencio, y nos dejamos llevar por el sonido hipnótico de las oraciones del monje. No obstante, el monje nos explica que Buda sólo te ayudará si primero realizas el esfuerzo necesario para llegar a tus objetivos.

Al lado del mausoleo se ubica el edificio Torodo, o “Salón de las Lámparas”, construido originalmente por el sucesor de Kobo Daishi, Shinzen Daitoku, y reconstruido en el año 1023 por Fujiwara Michinaga. Este edificio alberga una colección de miles de pequeñas lámparas y estatuas donadas por los fieles.

Es tiempo de regresar al templo, mañana toca madrugar para asistir a las ceremonias. No obstante, regresaremos a Okuno-in para realizar una nueva visita, esta vez, de día. Hay que tener en cuenta que ambas visitas son complementarias, es decir, en la visita nocturna encontrarás una atmósfera indescriptible, única, pero no hay luz suficiente para contemplar la inmensidad de tumbas, estatuas y la espectacular naturaleza que las rodea. De día puedes salirte del camino principal, recorrer todo el espacio y observar detalles y perspectivas que la oscuridad de la noche no te deja apreciar.

 

Llegamos al templo y encontramos nuestra habitación preparada, con los futones listos para descansar.

Ceremonias budistas

6.00 a.m. Suena el despertador. Pasamos fugazmente por los baños comunes y vamos rápidamente hacia la sala donde se oficia la primera de las ceremonias del día. Nos sentamos en el suelo junto a otros huéspedes y esperamos en silencio a que lleguen todos los monjes. La sala está en penumbra, muy tranquila, y fuera está lloviendo con fuerza. El objetivo de esta ceremonia diaria es mostrar agradecimiento a los santos budistas y rezar por los antepasados (este es el significado de la palabra Eko que da nombre al templo). Es interesante observar las distintas fases de la liturgia. Cada monje se ubica en un lugar concreto, probablemente según jerarquía, desempeñando un papel determinado. La cadencia de las oraciones que recitan los monjes, el incienso que flota en el aire y el sonido de la lluvia, crea un ambiente muy especial, hipnótico. La ceremonia acaba con un “sermón” que dirige a los asistentes el monje que ha presidido la ceremonia y que parece interesante, aunque lamentablemente no entendemos ni una palabra. Nos dirigimos ahora a la segunda ceremonia del día, Gomakito, la ceremonia del fuego sagrado. Para ello, salimos por la puerta principal del templo hasta una pequeña sala anexa.

Gomakito (Ritual Goma o Homa), es una ceremonia propia del budismo esotérico y se celebra diariamente en la mayoría de los templos shingon. Se trata de una ceremonia de limpieza y renovación física y psíquica a través del fuego, al que se atribuye capacidad para eliminar energías negativas y atender ciertas peticiones. Las peticiones o deseos se escriben en unas tablillas de madera llamadas Soegomagi que se queman durante la ceremonia. El monje que la dirige se encarga de alimentar el fuego continuamente, con distintos elementos que va tomando de pequeños recipientes, mientras recita los mantra Acalanatha a ritmo de tambor taiko. El movimiento de las llamas junto el conjunto de sonidos dicen que permite alcanzar un estado de trance.

Al llegar a la habitación, después de las ceremonias, tenemos el desayuno preparado. De nuevo dieta budista tradicional, productos vegetales, variados y muy interesantes.

Nos despedimos del templo y dedicamos el resto del tiempo que nos queda a pasear por Okuno-in, esta vez, de día.

Koyasan sin duda ha superado nuestras expectativas. En nuestra opinión, es un lugar que debería incluirse en cualquier viaje o ruta por Japón. La mezcla de cultura, naturaleza y tranquilidad es sencillamente inmejorable.

Datos prácticos y consejos

  • ¿Cuándo ir? Primavera y otoño. Las temperaturas son más suaves y la naturaleza se muestra espectacular. En concreto, los meses de abril, mayo, octubre y noviembre. Octubre y noviembre son meses lluviosos en Koyasan, pero los colores del otoño hacen que merezca la pena.
  • ¿Cuánto tiempo es necesario para conocer Koyasan? Puedes llevarte una buena visión con 2 días/1 noche. No recomendamos hacer una visita de sólo un día, apenas tendrás tiempo para nada. Es imprescindible pasar la noche para poder asistir a las ceremonias matinales de los templos (se ofician muy temprano), para poder realizar un paseo nocturno por Okuno-in y, por supuesto, para vivir la experiencia de alojarte en un shukubo.
  • ¿Cómo llegar? La fórmula habitual es: Tren desde Osaka + Funicular + Autobús. Desde Osaka (estaciones Namba o Shin-Imamiya, líneas Nankai) hay trenes directos (limited express) hasta la estación de Gokurakubashi que tardan unos 80 minutos. Hay otras opciones más baratas (trenes express, rapid express, etc.) pero implican transbordo, por ejemplo, en la estación Hashimoto, con la consecuente pérdida de tiempo que supone. Si vas a dedicar un par de días a Koyasan nuestro consejo es utilizar el tren directo. Aunque es más caro, merece la pena el ahorro de tiempo para poder aprovechar Koyasan. Eso si, cuidado con los horarios de estos trenes directos, no son muy frecuentes. Una vez en la estación de Gokurakubashi, hay que tomar un funicular hasta la estación de Koyasan (unos 5 minutos de trayecto) y, finalmente, tomar un autobús (no se puede caminar por la carretera) desde la estación de Koyasan hasta en centro de la ciudad de Koya (entre 10 y 15 minutos, depende de la parada en la que te bajes). Más información.

Koyasan (20)

  • Koyasan World Heritage Ticket3,400 yenes en tren directo (limited express), validez 2 días consecutivos. Incluye: billete ida y vuelta desde desde la estación de Namba hasta Koyasan (funicular incluido), los autobuses en Koyasan (Nankai Rinkan) y 20% descuento en las entradas a ciertos lugares (Kondo, Konpon Daito, Kongobuji, Museo Reihokan). Se puede comprar en la estación principal de Namba y agencias de viaje en Osaka.
  • Imprescindible en Koyasan: el área Danjo Garan y, sobre todo, recorrer el cementerio Okuno-in, tanto de día como de noche, es absolutamente impresionante, de los lugares más especiales de Japón.
  • Alojamiento: si encaja en tu presupuesto, merece la pena que te alojes, al menos una noche, en uno de los 52 shukubo. Amabilidad, comodidad, buena gastronomía, habitaciones tradicionales, edificios espectaculares con mucha historia y una atmósfera especial… Sin duda, una parte importante de la visita que te permite vivir más de cerca el contexto cultural y espiritual del Monte Koya. Nuestra experiencia en Shukubo Koya-san Eko-in (497 Koyasan, Koya-cho Ito-gun) fue excepcional. No obstante, hay otras opciones más económicas, como por ejemplo Koyasan Youth Hostel (628 Koyasan, Ito-gun, Koya-cho 648-0211), limpio y céntrico, o Koyasan Guest House Kokuu (49-43 Koyasan, Ito-gun, Koya-cho 648-0211), al lado de Okuno-in, cómodo, buena comida, excelente trato y maravillosa hospitalidad por parte de sus dueños.
  • Lleva chubasquero y alguna prenda de abrigo.
  • Linterna, para un paseo nocturno por Okuno-in.
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6 comentarios sobre “Koyasan: templos, naturaleza y leyendas en el monte sagrado japonés

  1. Gracias! Aún tengo la ruta un poco verde, me falta combinar algunas visitas y ver como puedo hacerlo para poder ver el máximo de cosas sin ir estresado 🙂
    Cuando lo tenga listo te cuento 😉

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  2. Hola, muy buen post, genial explicado 😉
    Me gustaría hacerte una pregunta, a ver si me puedes ayudar; ya que he visto que Japón la conoces bastante bien y has visitado las dos zonas que me tienen en dudas. Mi estancia es de 14 días completos y tengo dudas de si visitar Koyosan o Takayama y Shirakawa-go… Sino me equivoco las dos necesitarían 2 días y una noche. He leído que Shirakawa-go da la impresión de ser un “un escenario” para turistas, y eso me ha hecho dudar de mi primer planning.
    ¿Cual me recomendarías?

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    1. Hola. Muchas gracias por leernos. La verdad es que no tienen nada que ver. Takayama y Shirakawa-go es lo que llamamos “más turístico”. Es bonito y además se puede probar la ternera de Hida que es exquisita y más barata que el Kobe pero sin duda te recomendamos Koyasan. Dormir en un templo es una experiencia que merece mucho la pena y, en general, todo el complejo es impresionante. El cementerio imprescindible, tanto por el día como de noche. Un saludo.

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